Siguiendo con la historia olímpica de la gimnasia rítmica, la siguiente parada se sitúa en Seúl. La capital de Corea del Sur fue la sede de los XXIV Juegos Olímpicos en 1988 y de los segundos Juegos en la modalidad de gimnasia rítmica. 

A diferencia de lo que ocurriera en Los Angeles’84, cuando la medalla de oro se la llevó una gimnasta casi desconocida – Lori Fung – en esta ocasión, y ya con la participación de los países de Europa del Este incluidos, esa medalla sería para una gimnasta de esas que hacen historia. 

Marina Lobatch no solo consiguió alzarse al cajón más alto del podio, sino que además lo hizo con la nota más perfecta que podía haber conseguido: ocho ejercicios entre la jornada de clasificación y la final, y sendos dieces, con un total de 60 puntos (20 de la media en la clasificación más 40 en la final) que la convertían en indiscutible campeona olímpica. Resulta curioso el hecho de que era de las gimnastas que competía sin punteras.

Dicen los entendidos de este deporte que la soviética – nacida en Bielorrusia – era una especialista en adelantarse a su tiempo. Sus ejercicios están plagados de elementos originales – especialmente con el aparato y especialmente con el aro – siempre en la búsqueda de lo novedoso. El resultado: cuatro ejercicios perfectos si atendemos a la puntuación que recibió: 

El segundo cajón del podio lo ocupó la búlgara Adriana Dounavska, que se quedó a tan solo cinco centésimas de Lobatch. Dounavska era una gimnasta muy dinámica y expresiva, con un estilo muy diferente al de la soviética. Otra de las que también bebían de la fuente de la originalidad, tanto en sus coreografías, como en las músicas escogidas para estas. Atentos a la música que usó en su ejercicio de aro, todo un reto para la época: 

El tercer puesto del podio fue para Alexandra Timoshenko. ¿Qué decir de esta gimnasta que lo conquistó todo en la rítmica? A finales de los 80 empezó a asomar la cabeza por los podios de los campeonatos internacionales más importantes, pero es que a principios de los 90 se convirtió en la reina – o una de las reinas – de este deporte: campeona europea en Helsinki (88), Hannover (89), Gotemburgo (90) y Bruselas (91), además de subcampeona en Stuttgart (92); campeona mundial en Sarajevo (89) y subcampeona en Atenas (91); y como broche de oro, campeona olímpica en Barcelona (92). 

La soviética – nacida en Ucrania – formó parte de la escuela de las Deriuginas, convirtiéndose en todo un icono a seguir, incluso empapando durante generaciones el estilo de varias gimnastas ucranianas salidas de esta misma escuela. Se la considera una de las gimnastas más elegantes y expresivas de la historia de este deporte. 

Maisa Lloret y Maria Martín fueron las representantes españolas en Seúl. Maisa conseguiría una quinta posición, lo que la convertía en la primera gimnasta española en obtener un diploma olímpico. También fue la primera gimnasta del país en obtener un 10: fue en su ejercicio de mazas en el campeonato de España de ese mismo año. Precioso y complejo ejercicio con un acompañamiento musical y una coreografía muy españoles. Destaca también el diseño de sus maillots, muy originales por aquellos años. Y atención a la música de su ejercicio de aro, a ver si os suena de algo 😉

Como curiosidad, decir que después de finalizar su carrera deportiva, Maisa Lloret fue diputada del PSPV-PSOE en las Cortes Valencianas durante la anterior legislatura.

Su compañera en los Juegos, María Martín, terminaría 20ª. Estos son sus ejercicios de mazas, aro y cuerda en la jornada de clasificación; llaman la atención algunas de sus músicas, las cuales siguen usándose a día de hoy: 

Hasta aquí el segundo capítulo de esta historia olímpica de nuestro deporte. Y 16 días restan hasta la cita de Londres…¡ya va quedando menos!

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